
Le encantaba que llegara la noche de los viernes. No era esa noche de fiesta, música electro o reggaeton como sus amigas... no... ella prefería siempre un buen vino y buena compañía.
A las siete de la noche, justo como los últimos siete viernes, llegaba al parque central y mientras se fumaba un Derby Suave contemplaba la iglesia... la gente que entraba a ella y la que salía... nunca entró, o al menos no lo recordaba pero tampoco le interesaba pasar por el atrio.
Siempre puntual llegaba el primer pintor, Hugo, entrado ya en sus cuarenta y tantos, era el más interesante de todos... ya con Carlos y Johan, salían rumbo al estudio de Carlos donde luego de la música tenue en la terraza, el vino y los quesos, se desnudaba.
La brisa nocturna acariciaba su piel al punto de erizarla y excitarla, pero igual se quedaba quieta... ser una musa de tres artistas la excitaba demasiado, por eso dejó las discotecas los viernes... o ¿será que el final era lo que más le gustaba?
Tres bocas perdidas en su piel... recorriendo todo centímetro de su cuerpo... su sexo... poseída completamente sin ese descanso... una batalla de olor a sexo donde ella era la que más recibía... la que más disfrutaba...
Sin duda la experiencia de orgasmos múltiples podía llamar esas noches como obras de arte...
De café y amor
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"A cada sorbo de este buen café, me doy cuenta que te quiero más y más. Mi
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Hace 1 semana.




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