lunes, 19 de abril de 2010

VoDeViL


Los minutos se hacían eternos. Miraba hacia la calle através del ventanal con la mirada perdida pero la mente muy tranquila, muy coherente con lo que pensaba hacer. Su silueta estaba cubierta con un sugerente vestido rojo, lograría robar todas las miradas de los caballeros... y sin duda de ese caballero...

Cuatro años. La imagen junto a las palabras las había tratado de olvidar todos estos años en Paris pero parece que ni el mejor vino ni el mejor sexo la habían hecho olvidar la muerte de sus padres, su tío y su hermano a manos de ese tipo... el mismo que le dió ventaja y pudo huir através de la montaña.

Por esas cuestiones de la vida, la venganza llegó a sus manos por medio de un hombre que no se esperaba encontrar pero... quién controla los hechos? el famoso destino... si... el mismo destino que la hizo conocer a sus padres sustitutos, su amor y ahora el verdugo de su familia llegaba junto con la muerte, eso si... debía ser la muerte de ambos. No había espacio para errores y solo con su vida podría asegurar el éxito.

El tiempo corrió más lento de lo normal aunque su corazón palpitaba a mil por hora. Un poco más y explotaría solo de las ansias.


Sus manos cayeron súbitamente. La fuerza con la que su agresor presionaba su garganta fue imposible contrarrestarla. En un suspiro o dos dejaría esta existencia... pero este era el último suspiro... las imágenes pasaron ante sus ojos, cual película... la carpeta roja... sus películas... los besos que dió... las veces que hizo el amor... nunca pensó que pudiera contarlas... hasta ahora que... bueno, ya que...


Un último cigarro. Mientras se delineaba sus hermosos ojos verdes. El lápiz labial rojo combinaba con el arma que llevaba en la cartera.

Desde el balcón ahora observaba a cada invitado al evento... todos los que debían estar ahí... hasta los que no... bajó lentamente las escaleras hasta llegar al joven que sin querer le dió la mejor de las ideas (aunque él nunca se daría cuenta de ello)...


Tres copas. Una botella de vino. Dos esposados. Un hombre llenaba las copas de vino cuando el teléfono empezó a sonar y las miradas se cruzaban... nadie contestó... hasta que dejó de sonar ...

- Cierre la puerta...
- ¿Cómo?
- Nada, olvídelo...
- No, no... ¿quieres que cierre la puerta?
- Si

Caminó torpemente por la ansiedad de la idea que se le vino a la mente... nunca pensó que cayera ante sus encantos tan fácil, fue tan...

Dos disparos entraron por su espalda hasta hacerlo caer. Mientras se ahogaba en sangre observaba a su verdugo... como no sucumbir a ese vestido rojo, definitivamente la muerte nunca vestía de negro...



2 comentarios:

Mario_ergosum dijo...

Muy bueno, es grato volver a pasar por acá...
Saludos...

Palas dijo...

Más grato el comentario!!!! no sabes la felicidad de ver uno!!! y sobretodo de verte por aquí, besos Marito!!