lunes, 15 de diciembre de 2008

Lección


Me llegó al email este mensaje que quise compartir con ustedes...

"Tenía yo dieciséis años y vivía con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado a veintinueve kilómetros de Durban, Sudáfrica, en medio de las plantaciones de caña de azúcar. Vivíamos campo adentro y no teníamos vecinos, así que mis dos hermanas y yo siempre aguardábamos con ansias los viajes a la ciudad para ver a amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidió que lo llevara en auto a la ciudad donde asistiría todo el día a una conferencia, y me alegré de que se presentara la oportunidad.

Como iba yo a la ciudad, mi madre me dio una lista de artículos para comprar en el supermercado y, como me iba a encontrar allí todo el día, mi padre me pidió que hiciera unas diligencias, entre ellas llevar el automóvil a un taller para que le cambiaran el aceite. Cuando dejé a mi padre esa mañana en el lugar de la conferencia, él me dijo: "Recógeme aquí a las cinco de la tarde, y regresaremos juntos a casa."

Cumplí con los encargos a la carrera, y fui de inmediato al cine más cercano. Estaba tan absorto con la doble función de cine de John Wayne que se me olvidó prestarle atención al reloj. Ya eran las cinco y media cuando me acordé. Corrí al taller para recoger el auto y lo conduje apresuradamente al lugar acordado para recogerlo a él, pero ya eran casi las seis cuando llegué.

"¿Por qué llegaste tarde?", me preguntó preocupado. Me dio tanta vergüenza decirle que estaba viendo una película del Oeste de John Wayne, que le respondí: "El auto no estaba listo, así que tuve que esperar," sin saber que él ya había llamado al taller.

Cuando me pescó en la mentira, me dijo: "De seguro me equivoqué en algo al criarte, ya que de lo contrario habrías tenido la confianza para decirme la verdad. Ahora, a fin de darme cuenta en qué me equivoqué, voy a caminar a casa los veintinueve kilómetros y voy a pensarlo."

Así, vestido con traje y zapatos de salir, comenzó la larga caminata a la casa, por calles no pavimentadas y oscuras. Yo no podía dejarlo solo, así que durante cinco horas y media lo seguí en el auto, viendo a mi padre sufrir ese dolor por causa de la mentira insensata que yo le había dicho. En ese momento decidí que jamás volvería a mentir.

De vez en cuando pienso en aquel episodio y me pregunto qué habría pasado si mi padre me hubiera castigado del modo en que los demás castigamos a nuestros hijos. ¿Habría yo aprendido alguna lección? Creo que no. Sin duda habría soportado el castigo y habría seguido haciendo lo mismo. Pero ese acto sencillo [de mi padre]... fue tan elocuente que lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer".

12 comentarios:

Amorexia. dijo...

Mas fácil un par de nalgadas y ya! jajajajajaaj


No no es vara muy linda reflexión...

*°·.¸¸.° Heidy °·.¸¸.°* dijo...

excelente reflexión.

Saluditos

delfin en libertad dijo...

Preciosa reflexión palas, el ejemplo es muy importante a la hora de educar, aunque de vez en cuando se cometen algunos errorcillos. Saludos.

andrés dijo...

Enseñar con el ejemplo en cambio de la reprimenda... muy bonito Palas...

gama dijo...

muy buena....snif!!!

dolor de muelas dijo...

muy buena... voy a caminar 29 kilómetros para meditarla!!! jeje!

MarySandel dijo...

mmm
29 kilometros?
yo lo hubiera puesto a caminar eso por mentirosa jejeje no creo que lo olvide... varas
muy linda reflexion, y hasta me dieron ganas de caminar
saludos Pali :D

LA KUMO DE MARCE dijo...

excelente reflexión!! Ahora a aprender!!

Barqueritos dijo...

Yo hubiera puesto al guila a caminar los 29km!

Dica dijo...

para pensar... excelente

P. Vargas dijo...

Que buena Palis!! Me has puesto a pensar realmente en las cosas importantes de esta vida. Thanks. ;-)

La Morada dijo...

Buena reflexión.
Se puede aplicar las primeras veces, pero cuando viene la juponada, un par de nalgadas no están de más.